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Lunes, 14 de Mayo de 2007 00:00

por: Marilyn Garbey

- ¿Cuáles eran tus referencias sobre Cuba antes de llegar a la Isla?

rafaelbonachela-Mis referencias sobre la danza en Cuba eran muy pobres, en verdad. Lo que más se conoce en el mundo es el Ballet Nacional de Cuba, es lo que más se ha promocionado a nivel internacional; pero tampoco lo he ido a ver porque no tengo mucho interés en el ballet clásico, puedo apreciarlo, pero no corro para ir a verlo como primera opción.

La referencia es que son bailarines muy buenos. Tuve una profesora cubana en Barcelona, pero perdí contacto con ella. Cuando me propusieron venir a Cuba a coreografiar, busqué opiniones. Le pregunté a Kenneth Kwastrom, de Suecia, que estuvo en La Habana, y me dijo: lo tienes que hacer, los bailarines son increíbles. Cathy Marston, al volver a Londres después de trabajar aquí, me comentó de la gran calidad de los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba.

Nunca había venido aquí, ni de vacaciones. Sabía muy poco de Cuba.

- ¿Qué pasó al llegar a los salones de Danza Contemporánea de Cuba? ¿Cómo organizaste el trabajo? ¿Traías ideas preconcebidas o esperaste encontrarte con los bailarines? ¿En que te inspiraste?

-Esperé a encontrarme con los bailarines. Mi inspiración siempre llega del movimiento, después puede convertirse en otra cosa, depende del camino que tome dentro del proceso. Muy pocas veces tengo una idea predeterminada, a no ser que conozca a los bailarines y sepa cómo se mueven, cómo son como personas. Vine aquí con mi computadora llena de música y sin ninguna idea, sabía que los bailarines me la darían. Tampoco tenía miedo al enfrentar un proceso como este, porque hace dos meses hice uno parecido en Alemania. Allí me encontré con una compañía de 16 bailarines y me fui sin música, sin nada. Soy un coreógrafo que no necesita leerse un libro, escuchar una canción o ver una película para inspirarse. Estar en el estudio con los bailarines es lo que me inspira. El hecho de coreografiar, de buscar movimientos es algo que a mí me aporta mucho.

“Depende del bailarín con el que te encuentres, llegas a un lugar o a otro, vas a empujarte más como coreógrafo o vas a quedarte como tres pasos atrás. Eso puede sucederte porque los bailarines con los que trabajas no llegan, a nivel coreográfico, a nivel físico, adonde quieres llegar tú. Eso me ha ocurrido en el pasado. Ahora empecé creando una frase con los bailarines, bailaba con ellos. Desde que vi la clase me dije: tela marinera, es decir, son más buenos de lo que me habían dicho, tengo la total confianza de que puedo trabajar muy duro y llegar a extremos donde, quizás, no estuve antes. En el día de hoy, es un privilegio para cualquier coreógrafo trabajar con 40 bailarines. Solo trabajé con 20 porque nunca trabajo con tanta gente, 20 es un número para trabajar la estructura, para moverlos".

“Por supuesto, encontré gente cercana a mi vocabulario. El segundo día le di tareas dirigidas, nunca les orienté que improvisaran para ver cómo se movían. Fue un proceso donde ellos se sentían muy bien dirigidos a la hora de entregarme el material porque, de lo contrario, no me servía. Trabajo mucho con dúos, con tríos, y comencé a trabajar con todos a la vez, para que ellos vieran mi manera de concebirlos. No es tomar a la chica y llevarla de un lado a otro, es buscar la equidad a nivel de carga de peso, de conexiones, de saltos. Me gusta ver a las chicas con el mismo poder que un chico, no me gusta que haya diferencias a ese nivel".

“Empecé a trabajar ese aspecto para que vieran que eso es parte de lo que yo busco, algunos lo captaron rápido, otros lo tenían de forma natural. Fui mirando a ver cuántos bailarines utilizaría, a quiénes seleccionaría. Me pasé una semana en ese proceso porque todos me impresionaron mucho. Durante esa semana me iba a mi hotel cada noche y escuchaba música. Buscaba en mi computadora la música que me gustaba, que me podía inspirar. Tenía la idea de usar música flamenca, también tenía la posibilidad de usar música cubana, escuché algunos cantantes y compositores de aquí; pero luego encontré música con instrumentos clásicos. Eran temas que había guardado hace años, que me gustaban, pero no había encontrado a los bailarines ni el momento en que me sintiera preparado para coreografiar esa música. Una noche puse esa música y pensaba en lo que habíamos trabajado cada día, hasta dónde podía empujar a los bailarines y me dije: llegó el momento. Era un reto para mí como coreógrafo porque esa música no tiene compases, no tiene simetrías, es muy irregular. Tuve la intuición de que ellos podían hacerlo. La música es muy potente y la obra es muy cañera, como decimos en España, aunque lleva momentos más dulces y más tranquilos, que es lo que me queda por hacer porque empecé con lo más energético, lo más dinámico, lo más fuerte".

“Fue estar aquí, ver moverse a los bailarines cada día, proponerles movimientos, recibir los movimientos que ellos me daban, escuchar música y decidir que esa era la pieza que quería hacer. Es el resultado de la relación entre los bailarines y yo, de sentirme como me siento ahora. La coreografía no es narrativa, tiene un contenido emocional que se expresa a través del movimiento, no contando una historia. Es un trabajo abierto. Ayer lo comprobamos, cuando la gente reaccionó con diferentes sensaciones y emociones ante los duetos de la obra. Eso es lo que pretendo con mis movimientos, es así como entiendo la danza. Creo que la danza es una de las pocas artes que permiten que tú, como individuo, tengas tu propio viaje”.

- La coreografía tiene muchas cargadas y mucho trabajo en el suelo, hay mucha carga física. ¿Eso es una característica de tu estética o viene dictado por el entrenamiento de los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba?

- Es una característica mía, si encuentro bailarines que lo pueden hacer muy bien, entonces lo llevo más lejos. Mencionas lo del peso, quiero que sea real, que lo sientan, no que parezca que estoy cogiéndote y me caigo, no. Necesito que lo sientan, que tenga ese poder físico. Eso lo tiene mi trabajo, pero no es algo que yo haya decidido, es lo que sale de mí.

- La pieza también tiene cierta atmósfera de violencia, tratada muy sutilmente. ¿También es intuitiva?

- Sí. Eso me lo han alabado y me lo han criticado. No es violencia, el movimiento tiene ese tipo de acción, es violento.

- Creo que esa es una manera de comunicarte emocionalmente con el público.

- Quizás es mi manera, es algo que está dentro y que va saliendo.

- Sé que hay una posibilidad para la colaboración entre Rafael Bonachela y uno de los directores más aplaudidos y cuestionados del teatro cubano, Carlos Díaz. ¿Qué puede pasar en ese diálogo?

- Creo que será algo muy interesante. No conocía su trabajo. En la única fiesta a la que asistí en Cuba, conocí a Carlos Díaz. En ese momento me sentía más seguro con el trabajo aquí y pensé que podía ir al teatro. Vi su trabajo y me sorprendió mucho. Vi Fedra y vi Las relaciones de Clara. Yo no veo teatro cada semana, pero disfruté mucho su trabajo, la fisicalidad de sus actores, el cambio de roles. Sé que hay bailarines y bailarinas, pero no pienso en el sexo como distinción importante. Ya te dije antes que me gusta que las chicas carguen a los chicos. En el trabajo de Carlos Díaz los actores interpretan un personaje femenino y ni te das cuenta. Eso me pareció interesante porque no había nada regalado. Yo no he trabajado nunca con un dramaturgo.

“Sé que mi obra tiene un componente emocional que se puede dirigir para darle una línea más narrativa, pero siempre a través del movimiento. Pensé: podría hacer algo con este director. Por accidente, el diseñador de vestuario no pudo llegar a la presentación. Yo creo en las casualidades. Carlos sí vino y me dijo: te lo diseño yo. Es un honor. Tengo ideas bastante claras de lo que me gustaría que los bailarines llevaran, pero me gusta trabajar con personas con las que pueda dialogar. Ya empezó la relación, veremos cómo acaba. Puede ser un matrimonio feliz, o un divorcio después del primer encuentro”.

- ¿Qué va a pasar con esta obra que has creado para Danza Contemporánea de Cuba?

-Pues no lo sé. Es raro lo de empezar y no acabar. No es la primera vez que lo hago así, lo he hecho un par de veces. Eso puede funcionar a nuestro favor. Llegar aquí fue como una inyección de adrenalina, de fuerza, de energía. Yo venía de dos estrenos, uno en Inglaterra y otro en Alemania. No he parado de trabajar en dos años. Este era el trabajo que podía dejar de hacer. Para explicarte la realidad, te contaré que mi manager me dijo: estás loco, si me dijeras que te piden ir a Dinamarca te entendería. Le dije: olvídate, es Cuba, sé que tengo que ir; no sé por qué, pero tengo un presentimiento. He dejado la obra en un momento en el cual quedan partes de la pieza donde, quizás, me sentía menos seguro y van a ser más difíciles a nivel de estructura, necesito más tiempo para trabajar con más bailarines a la vez. No serán dúos ni cuartetos. Quiero retarme a mí mismo en esta obra, quiero forzarme. Me siento muy seguro cuando trabajo con 5 ó 6 bailarines delante. Cuando tienes 20 es muy interesante, no porque sean 20, sino por hacer interesante el trabajo. Ese será mi reto, no sé adónde me llevará, no sé si dormiré. Vuelvo en agosto y me voy con muchas ganas de volver, que ya es mucho. Creo que es recíproco, que los bailarines me han dado todo. A veces les decía: solo dame el cien por ciento, no el 150, que nos queda todo el día. Eso no lo había dicho nunca antes y he estado en muchos lugares, con muchos bailarines.

- ¿Qué obras preparará en Londres cuando llegue?

-Hace dos días le dieron el presupuesto a mi compañía, llevaba tres meses de agonía mientras esperaba esa noticia. Allí se trabaja de una forma sana, pero bastante incierta porque no te aseguran que, en los próximos diez años, tendrás dinero para mantener la compañía, tienes que currar mucho. Tal vez esa inseguridad es lo que mantiene el interés de los artistas por progresar, por trabajar duro. Ahora empiezo un musical, Carmen Jones y está pensado para que La Habana sea el contexto donde ocurra la historia.

“La directora decidió que esta ciudad fuera el telón de fondo de la obra y por casualidad de la vida, yo estoy aquí. Voy por la calle y escribo palabras que escucho, veo cómo la gente se toca siempre, cómo sonríen, cómo se pegan. Me llevo un poco de inspiración de cómo es la gente de aquí. Es mi primer musical, he trabajado con cantantes, pero nunca hice un musical. Eso se estrenará el 26 de julio. El 27 se estrena una pieza mía en Barcelona. En agosto mi compañía comienza a ensayar el repertorio con obras de mi autoría. En septiembre nos vamos de gira y empezamos a coreografiar el nuevo espectáculo. Trabajo con seis bailarines, que ya saben que tienen trabajo. Ellos son mi responsabilidad, son como mis hijos. Quiero gestionar que venga mi compañía a Cuba, mezclarnos con Danza Contemporánea, que reciban sus clases, dar las nuestras, actuar juntos. Eso sería como un final feliz”.

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Última actualización el Sábado, 15 de Enero de 2011 16:03
 
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