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Domingo, 02 de Marzo de 2008 00:00
por: Marilyn Garbey.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Realizada el 2 marzo de 2008

¿Qué razones te mueven a trabajar con Danza Contemporánea de Cuba?
Creo que entre las instituciones danzarias cubanas Danza Contemporánea de Cuba es una de las más importantes. Tienen un talento eminente y no son un fenómeno local, sino una presencia global. Donde quiera que baila la compañía logra mucho éxito, por el material con que trabajan y por la calidad de sus bailarines, tienen un excelente repertorio. Su presencia es casi un éxito seguro. Yo empecé a colaborar con Danza Contemporánea de Cuba a partir del montaje de Tocororo, después seguimos colaborando. Primero yo los dirigía a ellos. Ahora se presentó otra oportunidad de hacer algo en conjunto, lo presentaremos en el Coliseo de Londres. Aquí estoy intentando aprender de su técnica y de sus locuras, hay un ambiente de trabajo muy contagioso en estos salones.

Te formaste en la tradición clásica del ballet. ¿Cómo se mueve tu cuerpo en otras tendencias de la danza?
Antes de aprender la técnica clásica yo había incorporado a mi cuerpo las danzas callejeras, bailaba break dance, bailaba salsa. Después empecé a estudiar ballet y no pude estudiar folclor o bailes como la rumba. Eso está en mi cuerpo, pero estoy viciado por la técnica clásica y eso me cuesta trabajo por falta de vocabulario y por falta de conocimiento, pero trato de poner todo mi empeño, trato de desdoblarme para que no me vean solo como el bailarín clásico. Creo que lo estoy sacando bastante bien.

¿Por qué decidiste salir del Ballet Nacional de Cuba e irte a recorrer el mundo?
Yo no decidí irme en ningún momento del Ballet Nacional de Cuba. Se me presentaron otras posibilidades, incluso antes de entrar al Ballet Nacional de Cuba. Fui a competencias internacionales y gané, e hice contactos. Fue una suerte que al graduarme me contrataran en el English National Ballet, con 18 años. Fue una oportunidad que pocos han tenido y, como comprenderás, no podía dejar pasar esa oportunidad. En el English National Ballet conocí a Ben Stevenson que me llevó a Houston. Bailé algunas temporadas con el Ballet Nacional de Cuba y hasta hice giras, pero ya yo había iniciado mi carrera internacional, algo a lo que todo el mundo aspira.

¿Cómo escoges tu repertorio, cómo escoges los personajes a interpretar, los bailarines y las bailarinas con las que vas a bailar?
Eso depende del proyecto, del montaje, de la producción. Por ejemplo, hice un espectáculo con los bailarines del Royal Ballet, había elementos clásicos y elementos contemporáneos, pero eran todos bailarines clásicos. Ese espectáculo recibió el premio Laurence Olivier. Hice Tocororo con Danza Contemporánea de Cuba porque era exactamente lo que yo buscaba: una contraposición a la técnica clásica, podía incluir lo contemporáneo y lo folclórico, nadie mejor que ellos para lograrlo.

Con Tocororo comenzaste una carrera como coreógrafo. ¿Es posible que la desarrolles, que continúes por esos caminos?
Yo lo intentaré, eso es parte de un proceso de crecimiento espiritual, trataré de buscar otros lenguajes, otras vertientes, otros mundos. No creo que sea coreógrafo de esos que van a trascender, que va a marcar pautas en la coreografía. Coreógrafo era George Balanchine, coreógrafo es Jiri Killian. Yo trabajo en base a ideas. La carrera de coreógrafo implica años de estudio, yo sigo mi carrera de bailarín. Cuando me retire como bailarín y me dedique por entero a coreografiar veremos qué pasa.

¿Qué hace Carlos Acosta cuando viene a Cuba?
Ahora estoy en Cuba por razones de trabajo. Aquí trato de hacer las cosas más simples. Busco mis memorias, visito lugares que tuvieron que ver con mi infancia, voy al reparto Los Pinos, donde nací. Paseo por casas donde pasé algún tiempo de mi vida. Ayer caminé por el malecón, hacía tiempo que no caminaba por allí, recordé cuando yo me lanzaba al mar desde el muro. Eso ya no es parte de mi vida. Mi vida ha cambiado de una manera dramática, la gente que ahora tiene que ver con mi vida, la gente con la que interactúo a diario en mi tiempo cotidiano, no tiene nada que ver con la gente con la que yo iba al Malecón habanero. Aquí voy a la playa a disfrutar del sol, en Londres no hay mucho sol, desgraciadamente. Aquí trato de encontrar mis raíces para no perderme. Con el éxito es muy fácil perderse, uno tiene que tener los pies dentro de los zapatos y decir: sí, tengo éxito, pero este es mi lugar, yo pertenezco a este sitio, este es mi idioma. Me gusta hablar como los cubanos y decir: esta talla, qué bolá. La realidad de mi vida en estos años ha sido bien diferente. Cuando salgo de aquí debo hablar inglés: How are you; yes darling. No puedo sentirme como soy realmente. Hay dos Carlos Acosta, vivo dos vidas. Es muy bueno venir, desenchuchar y decir: esta es mi vida, yo pertenezco aquí.

¿Qué opinión te merece ser una estrella de la danza mundial siendo cubano y negro?
Mi presencia en los escenarios es histórica, como fue la de Nureyev, como fue la de Nijinski. Cuando Nijinski se quedó fue una noticia desde el punto de vista político, fue un escándalo porque además un bailarín andrógino. No me comparo con ellos, pero si quieres verlo de esa manera, recordarás que nunca antes un negro se había parado en el escenario del Bolshoi, en la Opera de París no se había parado un negro y yo lo he hecho en tres ocasiones. Hace poco hice Espartaco con el Bolshoi, me invitaron a su gira. Hice el Romeo en el American Ballet Theater, la gente dirá que no tiene nada que ver conmigo porque es un personaje que no había hecho un negro, la gente se da cuenta de que es un negro cuando termina el primer acto. Estoy consciente de lo que represento, sé lo que significa pararme en el Bolshoi con mi biotipo. Es algo que nunca soñé, llegué hasta allí y todavía estoy en las nubes.

¿Cuáles son las obras que más disfrutas?
De las más recientes, Espartaco fue un descubrimiento, siempre soñé hacer ese personaje, creo que ese es el rol de mi vida, y mucha gente coinciden en esa apreciación. La obra es un vehículo que me da la posibilidad de explotar “la bomba”, de expresar el sufrimiento de un pueblo, de los esclavos. Hago un Espartaco distinto desde el punto de vista intelectual y eso ha sido una revelación, es uno de los roles que más tiene que ver conmigo, me encanta hacerlo. También me gusta el Quijote. Me cuestan más trabajo los personajes de príncipes, soy una gente de pueblo, tengo que estudiar mucho para hacerlo, están muy lejos de mi, lo mío era el comefango y el fútbol en Los Pinos, debo estudiar el comportamiento del personaje, debo quitar mis gestos y poner por encima al personaje, busco un balance para hacer mi Romeo, leo mucho y veo lo que han hecho otros bailarines y busco una vertiente para encontrar el sello que me defina, que digan este es Carlos, no está imitando a Nureyev, eso es lo más difícil en el arte. Empiezas tu carrera y alguien te influye y después empiezas a buscar lo tuyo. Ves un Picaso, un Dalí, un Zayda y lo identificas.

¿Eres feliz por haberte dedicado a la danza?
Sí, yo quería el fútbol, pero menos mal que me dediqué a la danza.

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Última actualización el Sábado, 15 de Enero de 2011 16:14
 
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