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Sábado, 11 de Julio de 2009 00:00
Isolina Carrillo dijo que eras dueño una voz hermosa y potente. ¿Por qué, entonces, te dedicaste a la danza?

Yo nunca he dejado el canto. Sencillamente decidí entregarme en cuerpo y alma a la danza, pero el canto -incluso como bailarín- lo he tenido que utilizar en muchas, muchas ocasiones. Pienso que me ha ayudado a la hora de impartir clases, donde suelo cantarles a mis alumnos y eso los ayuda a la hora de moverse.

Nunca he dejado de cantar, yo canto siempre.

Isidro RolandoHay una figura que, sin dudas, representa un paradigma de la danza cubana, es el padre fundador de la danza moderna en Cuba, el maestro Ramiro Guerra. Yo he recibido muchas referencias de Ramiro, algunos dicen que es una figura muy polémica, que era muy exigente con sus bailarines; todos, sin embargo, reconocen la labor fundacional de Ramiro y dicen que no solamente los formó como bailarines, sino también los hizo hombres y mujeres, dignos de su profesión. ¿Qué crees de Ramiro Guerra, casi 50 años después de la fundación de la compañía?  

En lo particular, le agradezco haberme permitido conocerme a mí mismo porque fue el hombre que me enfrentó a mis posibilidades, las  buenas y las negativas,  y conocerlas me dio la posibilidad de desarrollarme, no simplemente como bailarín, sino como ser humano. Yo le debo no sólo al maestro de baile que me enseñó a moverme, sino mucho de lo que soy hoy.

Eres uno de los fundadores que permanecen en la Compañía, junto a Eduardo Arrocha y Luz Maria Collazo. Eres la memoria viva de Danza Contemporánea de Cuba. ¿Cómo logras transmitir esa herencia fundacional a los jóvenes que hoy son partes del movimiento danzario cubano?

Me asusta eso de ser memoria viva porque constantemente me están tocando a la puerta, tanto a la de la compañía, como a la de mi propia casa. A veces me pregunto si será que estoy llegando al final pero no, yo pienso que cuando tú haces algo y sientes placer al hacerlo, cuando estás en donde  te sientes pleno, el tiempo pasa sin que te des cuenta y el trabajo se convierte en algo que es necesario para vivir,  es como la sangre, que sino la tienes dejas de existir.

¿Cómo se ha desarrollado la formación de los bailarines desde el momento de aquella Escuelita que tenía la Compañía en el Teatro Nacional de Cuba hasta las escuelas de arte?

Es algo muy polémico, no solamente en la danza sino en todas las especialidades,  porque siempre pensamos que el momento en que nos tocó tener la mayor parte de vitalidad de nuestras vidas es el mejor. Sin embargo, cualquier muchacho de hoy tiene condiciones técnicas que nosotros llorábamos para alcanzarlas. Pero, en muchos casos, falta esa profundidad, el conocerse a sí mismo para  desarrollarse como ser humano.  Ellos viven en su tiempo, en su momento, igual que yo viví el mío, y tuve la grandísima suerte de tener muchas, muchas personas que me ayudaron a encontrar el camino. A veces,  por las posibilidades que ofrece el país,  el individuo se lanza sin límites a realizar cosas en la vida, sin ninguna guía. Yo no diría que unos han sido mejores que otros,  diría que cada quien ha vivido su momento y se ha manifestado tal y como el momento lo ha exigido.

Tuve la suerte de asistir, en los tabloncillos de la compañía, al remontaje de Súlkary al celebrarse 35 años de su estreno. Ví a Luz Maria Collazo y a Isidro Rolando, la pareja que  estrenó junto a otros cuatro compañeros, la antológica pieza de Eduardo Rivero, trabajar con los jóvenes intérpretes. ¿Cómo recuerdas aquellos días del montaje de Súlkary? 

Comenzamos a montar Súlkary casi como trabajo voluntario. Lo hacíamos después del horario de trabajo  de la compañía, hasta que después se nos dió un tiempo. Ya Eduardo había realizado Okantomí. Pienso que nosotros mismos no sabíamos lo que estábamos haciendo. Eduardo creó un equipo, entre músicos y bailarines, dispuesto a entregarlo todo sin límites. Todo se fue engranando de una forma muy fuerte. El estreno de Súlkary se realiza en un momento caótico para el movimiento artístico, donde ocurrieron cosas muy desagradables. Sin embargo, por encima de todo eso, nosotros continuamos trabajando en esa obra. Fue el primer estreno que se hizo después de la salida de Ramiro Guerra de la compañía. Fue como reafirmar que el trabajo del maestro tenía una solidez.

En esos días en que corregiste los movimientos de los bailarines, explicándole  por qué Súlkary se baila de una manera y no de otra, cómo te has sentido en ese rol de pedagogo, justamente con Súlkary.

Miguel Iglesias tuvo la desagradable oportunidad de decirme que no bailaría más Sulkary. Entonces me dije: cómo me va a decir que yo no puedo continuar bailando Sulkary si,  discúlpeme por esta inmodestia, no hay otro que lo baile mejor que yo. Pero después reflexioné y me di cuenta que los bailarines que estaban junto a mí interpretando Sulkary tenían la mitad de mi edad. Yo fui el último de los que estrenaron  Sulkary en dejar de bailarlo. Para mí aquello fue algo espeluznante y me costó mucho, pero de pronto dije: yo no voy a dejar de bailar Sulkary porque ahora yo voy a bailar Sulkary en el cuerpo de los demás. Cada vez que se repone Sulkary me entrego en cuerpo y alma con los muchachos para enseñarles hasta lo mínimo de lo que sentí realizando la obra, porque sí sigo bailando.

Recuerdo el Rapto de las mulatas, donde llevaste al lenguaje de la danza el extraordinario lienzo de Carlos Enrique. ¿Cómo surge la idea de llevar el lenguaje pictórico a uno que compromete al cuerpo en vivo y en directo frente a otros espectadores? 

Fue largo, muy largo el proceso de plasmar en la danza el lenguaje de Carlos Enrique, Ví ese cuadro por primera vez en una visita de los bailarines de la Compañía al Museo de Bellas Artes, organizada por Ramiro. Cuando lo ví quedé pasmado,  ante ese cuadro y ante uno de Antonia Eiriz cuyo título no recuerdo, fueron dos cuadros que me llenaron y dije: algún día voy a montar eso en danza, pero realmente no sabía cómo. Me dejé llevar por ese movimiento que tienen las figuras de Carlos en sus obras y  me dije pero si sus obras están danzando,  y me dejé llevar. Partí del viento como primicia para la creación de la obra . Hubiera querido que la escenografía tuviera  la transparencia de sus cuadros, que el viento se sintiera en medio del escenario, que todo aquello flotara en un momento determinado,  que la textura de los vestidos tuvieran otra transparencia,  pero no pudo ser. Me creé una historia que iba más allá del cuadro, ni siquiera iba a la vida de Carlos Enrique  que fue muy conflictiva.

Imaginé a Carlos Enrique creando ese cuadro. Hay temas  tomados de diferentes cuadros de Carlos, muchos de los movimientos están dados por diferentes momentos de cuadros de Carlos. Esa obra me ha dado una satisfacción enorme. Me demoré tanto en hacerla que la estrené en el centenario del natalicio del pintor y tuve la grandísima oportunidad de interpretarla con el cuadro original como escenografía.

Eres un creador con muy buenas relaciones con artistas de todos los medios. Es una constante que trabajes en la televisión, que la gente del cine te pida ayuda en materia coreográfica. ¿Qué ha representado para ti  trabajar con tanta gente que te quiere y te estima? 

La vida te va dejando un conocimiento que puedes aportarle a un artista o a un bailarín, y eso va mucho más allá del simple movimiento. Pienso que lo que hace  a un maestro diferente de otro es el cúmulo de posibilidades, el cúmulo de vivencias que pueda aportarle a un alumno, más allá de un simple movimiento. Tengo que citar esta cosa maravillosa que me sucedió con la película sobre la vida de Beny Moré, realizada por Jorge Luis Sánchez. Fue una experiencia muy importante para mi vida.

Los libros de Ramiro Guerra son una fuente imprescindible de consulta para todo aquel que se dedique al mundo de la danza. Desde hace unos años, se esperan las memorias de Isidro Rolando. ¿Cuando llegarán a la imprenta? 

En cuanto tenga la oportunidad de sentarme delante de una computadora y  disponga de un tiempo para organizar mis vivencias,  guardadas en un cajón. Algún día llegarán porque ya es una necesidad. Yo quiero ser más que una memoria viva, quiero vivir también a través de un libro que pueda ser objeto de consulta,  que pueda dejar algo más allá del Isidro bailarín, coreógrafo o maestro.

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Última actualización el Sábado, 15 de Enero de 2011 16:11
 
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