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Domingo, 14 de Mayo de 2006 00:00

¿Cómo ha sido ese proceso, cambio drástico, de dirigir una compañía donde antes  fuiste bailarín? 

Yo entré a la Compañía el 10 de enero del año 74, y fui primer bailarín hasta que me hicieron director. Era el secretario general del sindicato y parece que la gente me fue encasillando en eso de que me gustaba buscar la justicia, me gustaba que las cosas se hicieran bien, me vieron ciertas condiciones de liderazgo, de organización, con capacidad para aglutinar a las personas.

Yo no quería dirigir, quería morirme arriba de un escenario. Había trabajado con Roberto Blanco en varias puestas en escena- Canción de Rachel,  De los días de la guerra, Yerma- con el grupo Irrumpe, que  integraba varias manifestaciones, pero  Roberto me dice que ya no podía aguantarme una plaza en Irrumpe,  que debía definir mi vida. Tenia 37 años, no estaba viejo pero iba a empezar a perder facultades. Y esto es como cuando te engaña la mujer, el último que te entera eres tú. Y dije, déjame retirarme con el sabor del triunfo que todavía no he perdido facultades. Casi todas las piezas que yo hacía eran piezas con un nivel de entrega y de fuerza física muy grandes. Decidí irme con Roberto y hacer un cambio en mi vida y seguir como intérprete. En ese momento me llaman del Ministerio de Cultura, Nicolás Chao,  director de teatro y danza, y Marcia Leiseca, la vice ministra, y me hacen la propuesta de la dirección de la Compañía. Dije que no, pero no tenía argumentos. Marcia me dijo: Miguel,  siempre dices que hay que mejorar muchas cosas en la compañía, ahora tienes la oportunidad de mejorarla,  en tus manos está. Le pregunté a un amigo su opinión y me dijo: el hombre no vive como piensa, sino piensa según vive, y tú vas a saber si puedes dirigir o no cuando seas director. Pensé que sería por un par de años y ya llevo  21

En estos 21 años, los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba han logrado una envidiable calidad técnica. Sin embargo, algunos cuestionan la colaboración con algunos coreógrafos extranjeros. ¿Qué piensas al respecto?

Si piensas que leyendo solamente a Virgilio Piñera  puedes tener una visión del mundo, estás equivocada, porque te faltan por leer muchos autores. La suma de conocimientos siempre será útil. Creo que es bueno que los bailarines se formen con coreógrafos de otras latitudes y coreógrafos cubanos, con estilos diferentes. Eso también provoca que los coreógrafos cubanos se pongan las pilas, no para hacer lo mismo que hacen otras gentes- eso no tiene nada que ver en mis intenciones, sino todo lo contrario.  Busco la diversidad a la hora de hacer un programa, y siempre me acompaña la frase aquella de Stanislavski …si el estímulo no varía, la tensión se pierde…. Por lo tanto, yo  trato de no mantener en reposo mis condiciones. Hasta el otro día hicimos la pieza “El dorado” de la inglesa Cathy Marston, y “Restaurante El Paso” de Julio César Iglesias. Al mismo tiempo, estábamos montando un drama musical. Ahora remontamos “Sulkary”, de Eduardo Rivero, por su 35 aniversario, y se lo vamos a dedicar  a todas las personas que de una manera u otra han sabido mantener la pieza viva durante esos 35 años; no solamente a Eduardo, también a todos los que la han hecho posible. Estamos retomando “Folia”, de Jan Linkens, con otros bailarines. Yo creo que la confrontación de estos bailarines con gentes de un estilo de improvisación de contacto como el de Anastasia Lira,  de Grecia, o con lo más contemporáneo de la danza sueca como Kenneth Kvamström con su “Carmen”; con  el holandés Jan Linkens, de característica neoclásicas pero con un sentido de sorpresas muy contemporánea a la hora de montarlo; con el Tocororo, de Carlos Acosta, te da una preparación psicofísica de actualidad para que cualquier cosa que te muestren en el momento salir a escena. Hacia un año y medio que no poníamos Label, coreografía de Rene de Cárdenas, un cubano que también trabaja con nosotros,  y en tres días la hemos hecho con un elenco que no fue el que lo estrenó. Lo que quiero decir es que la preparación es importante. Este mismo melodrama musical, Habana Carnaval,  ha tenido cuestionamientos, que si ha sido bueno o malo, regular, que tiene esto, que tiene aquello. Con tal de que ellos hayan recibido conocimientos para que Miguelito Altunaga estuviera a la altura que estuvo,  para que Nadiezdha Valdés haya hecho su Caridad hablando y actuando con una  gran veracidad,  que los muchachos recibieran clases de canto, cosa que se había perdido dentro de la compañía; creo que esos que alimentan comentarios en contra tienen mentes estrechas y que ven el horizonte sólo desde Cuba, que no saben que el horizonte visto desde Atenas es otro y el que ves desde Inglaterra es otro, que olvidan que cada horizonte es justamente el limite de tu vista, pero no el límite del mundo, deberían pensar mejor antes.

El horizonte cubano ha recibido sorpresas muy gratas porque han aparecido nuevos nombres de coreógrafos. Estoy pensando en  George Céspedes, en Osnel Delgado y en tu hijo Julio César. ¿Cómo se han insertado estos jóvenes coreógrafos en una compañía que tiene más de 45 años de historia?

Yo tengo una concepción de lo viejo, las personas se ponen viejas en la medida que no se arriesgan, porque piensan que llegaron y el riesgo les impone algo que puede ser la supuesta equivocación o el éxito. Aunque ayer cumplí 58 años no pienso como viejo, yo veo el límite de mi edad justamente cuando me ponga conservador, si yo no provoco que la juventud con ese nivel de irreverencia, con ese nivel de rebeldía, tenga un lugar donde pulsar y por eso  se vuelva conservadora, entonces la compañía se convertirá en algo clásico, en algo que sólo vivirá de la memoria y no del presente. Yo creo que lo correcto es darle espacio a esos jóvenes, creo que las equivocaciones son parte del paso a paso de la vida y la vida de una compañía de 45 años no puede ser la de mantener un repertorio,  sino  la de estar constantemente negando lo que hizo el día anterior.

En 45 años el público de Danza Contemporánea de Cuba ha fluctuado. ¿Cómo era el público en el momento en que tú subías al escenario y cómo valoras al público que hoy sigue la danza contemporánea?

En el caso de Cuba  la cultura ha ido evolucionando. Yo le dije a mi papá, cuando era chiquito, que quería bailar y me abrió los ojos así. Mi mamá quería que yo fuera pianista, pero mi papá sentía que la banquetita del pianista tenia algo que le aflojaba al hombre las sensaciones viriles y que el movimiento feminoide era para otro tipo de persona, no para el hijo que el creía que tenía. Yo no tengo nada feminoide, respeto al que lo tenga, esas son las diversidades del mundo, respeto al que la tenga mientras que no trate de seducirme hacia su bando. Cuando yo llegué al Ballet de Camaguey  había una serie de prejuicios, el bailarín era lo ultimo, y en estos momentos Cuba tiene un nivel educacional que ha evolucionado enormemente y respetan al bailarín como una carrera más, como algo a seguir, ya no es nada  peyorativo sino todo lo contrario, es una carrera envidiable y selectiva y cada vez se presentan más varones. Yo he tenido unos cuantos bailarines de Guanes, que eso es ya pegado al Golfo, de Santiago de Cuba, de Guantánamo, o sea, no te pierdes porque te dediques hacer arte, al contrario. En la antigüedad los artistas siempre eran privilegiados, supuestamente tenían un don  diferente. Nosotros aquí somos privilegiados también porque tenemos el don de hacer algo que nos gusta y además de eso nos pagan por hacerlo, tenemos dos salarios, el aplauso del publico y el de la satisfacción de hacerlo y el del dinero para vivir Lógicamente, ese bailarín se ha ido superando porque el nivel de selección ha sido mayor, ha ido superando sus limitaciones y hoy en día tú te pones a pensar qué cosa hacer que no puedan hacer estos muchachos. Esto seduce también no sólo a los nacionales, también a los extranjeros. Yo llevo 31 años en Danza Contemporánea de Cuba y no recuerdo algún lugar  en que nos hayamos presentado que no haya sido una sorpresa el tipo de bailarín que tiene la Compañía. Danza Contemporánea de Cuba es reconocida y conocidísima en el mundo de la danza, lo mismo en Alemania que en cualquier otro lugar. Lo que te quiero decir es  que yo veo esa admiración justamente por el desarrollo de la danza cubana y es una admiración nacional e internacional.

¿Qué opinión te merece el hecho que después de 45 años de trabajo y teniendo el nivel que tiene la compañía todavía Danza Contemporánea de Cuba no tenga un Premio Nacional de la especialidad? 

El Premio Nacional es un reconocimiento y todos esos reconocidos Premios Nacionales de la danza contemporánea han salido de esta compañía. Ramiro Guerra la fundó, Eduardo Rivero estuvo en esa compañía, Santiago Alfonso. La compañía tiene valores suficientes para ella misma ser una generadora de premios nacionales, pero los premios nacionales son los que uno recibe  todos los días y yo estoy seguro que todos ellos han recibido más satisfacción a la hora de hacer la danza que a la hora de recibir  los premios.

¿Por qué en un programa de Danza Contemporánea se presentan coreografías de Jan Linkens, Eduardo Rivero y George Céspedes?

Para que todos los estilos se hagan en una noche, llámese estilo a la labor individual de cada uno de los creadores que han marcado con su peculiar hacer a la compañía, para llevarla a un extremo de sus posibilidades y después a otro extremo de esas posibilidades. Porque a veces se habla mucho de que lo de  la escuela de cubana de danza no es técnica. La escuela cubana de danza es una técnica porque prepara a los bailarines. Con esa técnica  no se hace todo lo que hacemos nosotros porque faltan otros complementos. Es como si tú nada más estudiaras matemáticas, no tendrías conocimientos sobre la historia, no tendrías conocimientos sobre el español, ni la literatura, ni la física, ni la química. Hoy en día la concepción, la asimilación de la escuela contemporánea no está en que sigan al maestro de una manera ortodoxa, sin cuestionamientos, sino al contrario es con cuestionamientos y es con posibilidades de sacar lo mejor con la propia opinión de cada persona, con los ingredientes que te da la técnica y los instrumentos que te da el maestro. Por lo tanto, la escuela cubana de danza sí te da una preparación general  para que podamos entrar y salir en diferentes estilos y bailar con un inglés, un holandés y un cubano.

 

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Última actualización el Sábado, 15 de Enero de 2011 16:11
 
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