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Miguel Iglesias y el ímpetu del riesgo PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 23 de Julio de 2008 00:00
por: Claudia Delacroix

Miguel Iglesias es una autoridad de la danza cubana. A esa manifestación escénica ha dedicado 40 años de su vida, 22 de ellos al frente de la compañía pionera del país y una de las más importantes de nuestra región, Danza Contemporánea de Cuba, adonde entró como bailarín el 10 de enero de 1975.

Nació el 10 de mayo de 1948 en la barriada habanera de Lawton, y el espíritu de ese popular entorno marcó decisivamente su carrera. “Mi vida era la de un muchacho activo. Mi mamá nos hizo socios del Casino Deportivo (*) y allí aprendí a bailar.” Entonces no había escuelas de danza, y Miguel optó por los deportes.

¿Cómo llegó a la danza?

Un día me encontré con Juan Gómez, un amigo de las ruedas de casino, quien me animó a realizar las pruebas para entrar al Ballet de la Televisión Cubana. Al principio no me decidía, pero luego me imaginé, ya de viejo, pensando lo que pude haber sido o no, y me dio frustración de lo imposible. El 1 de octubre de 1967 firmé mi primer contrato con esa agrupación.

¿Por qué la danza contemporánea?

Adolfo Roval, que era profesor de ballet, me habló de la fundación de una compañía en Camagüey. Eso fue en mayo de 1969, y con otros bailarines nos fuimos para allá. En Camagüey se formó un movimiento coreográfico entorno a la figura del maestro Joaquín Banegas y me di cuenta de que mi acción era más cercana a lo contemporáneo que al distanciamiento que tenía que establecer con los personajes clásicos. Cuando vi Medea y los negreros (estrenada en 1968), de Ramiro Guerra, fue un “nocao” del que no me pude recuperar. Desde entonces quise entrar en Danza Contemporánea de Cuba. Sentía la necesidad de expresar de una manera actual lo que me circundaba.

¿Danza-teatro?

El director de teatro Roberto Blanco me decía que el actor no podía caminar y hablar a la vez o viceversa, porque el movimiento ensuciaba a la palabra y la palabra al movimiento. Yo lo que quería era brincar y hablar sin que el esfuerzo me cortara la voz. Todo lo que me ha servido para expresarme lo he agarrado, lo mejor de esa gente que ha pasado por mí. Lo tengo como si mi piel y mi mente estuvieran llenas de parches.

¿Le gusta el riesgo?

Dejas de ser joven cuando se te acaba el ímpetu del riesgo. Hay cosas que tú no sabes, pero algo te dice: sigue por ahí. No tiene explicación, es una energía que está en el aire. Quizás haya gente que piense que destruyo la danza moderna. Si no mantenerla estática, si proyectarla hacia el futuro es destruirla, lo he hecho con toda intención.

¿Cómo deben ser los bailarines y coreógrafos de Danza Contemporánea de Cuba?

Inteligentes, inconformes con sus conocimientos, físicamente hábiles y poseer una inocencia creativa muy grande.

¿Añora el tiempo en que bailaba?

Extraño cada día el estar parado sobre el escenario, es lo que hubiera querido ser hasta morirme: intérprete. Acepté la dirección por 2 o 3 años, pero el querer hacer de la compañía lo que creo que debe ser me retuvo. Hay que ser muy creativo para dirigir; sorprender al público, a ti y a la compañía cada día.

¿Cuáles son sus hobbies?

Montar a caballo, tengo 6 en Pinar del Río. De niño añoraba el campo y me casé con una pinareña. Me gustan el campo y el mar. Tomarme el café de la mañana viendo un flamboyán por una ventana de mi casa. Y en el crepúsculo, mirar una ceiba que casi siempre está despoblada, tomándome un traguito.

¿Cree que el cubano tiene una relación especial con el movimiento?

Para el cubano promedio es una manera de expresarse. El secreto de los trabajos que hemos hecho con coreógrafos europeos es que a nuestros bailarines les es muy fácil el movimiento y a los coreógrafos europeos, el concepto. Y la mezcla de lo físico con lo intelectual ha hecho que las mejores coreografías de casi todos fueran las que montaron con nosotros, y nosotros nos llenáramos de esa sabiduría, de interiorizar que el movimiento es un pretexto para tener las intenciones claras, es el vocabulario con el que comunicas.

Pequeño diccionario de Miguel Iglesias

Tiempo: Espacio.

  Nuevo: Gracias.

  Mañana: Después.

   Pasado: Sabiduría.

        Final: No lo veo.

                                                             Vida: Pasión y Danza. Plenitud, grito, brinco.

 

Recuadro: Danza Contemporánea de Cuba

El maestro Ramiro Guerra lanzó el 25 de septiembre de 1959 una convocatoria para jóvenes bailarines interesados en integrar una compañía de danza moderna en Cuba. Cinco meses más tarde, el 19 de febrero de 1960, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, tuvo lugar la primera función de la recién creada compañía, que tiene hoy más de 60 obras en su repertorio activo y ha recibido elogios de la crítica y el público en escenarios de América, Europa, Asia y África.

(*) Casino Deportivo: Círculo social habanero donde en los años 50 se hizo muy popular la práctica de un baile de salón para parejas y grupos conocido como casino.

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Última actualización el Sábado, 15 de Enero de 2011 16:11
 
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