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por: Marilyn Garbey  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Realizada el 26 de diciembre de 2011

Fuente: Habana Radio

Miguel Altunaga debutó como bailarín con Danza Contemporánea de Cuba. En estos momentos forma parte de la Rambler Dance Company, de Inglaterra.

¿Cómo llegas a la danza?

Bailaba danzas populares desde niño, en mi reparto Bahía. Luego hice las pruebas para la Escuela Nacional de Danza con la idea de cambiarme para Música, pero la danza me atrapó. Primero quería dedicarme al folclor, y después me di cuenta que la danza moderna tenía más posibilidades para la creación, así hasta llegar a Danza Contemporánea de Cuba.

Pensaba que habías estudiado Ballet, por el porte y por la manera de conducirte en el escenario.

Me gusta todo tipo de arte danzario. Al concluir la escuela bailé con mi grupo en el espectáculo del Cabaret Parisién, y también he bailado folclor. Cuando yo estudiaba no era tan fuerte el perfil de Ballet, pero yo iba a la Escuela Nacional de Ballet y montaba coreografía para los concursos. También tomaba clases con las profesoras de allí, intentando perfeccionar la técnica clásica porque creía que así mejoraría la técnica moderna, porque las dos se complementan. Nunca he dicho no a la danza, creo que cualquier estilo es bueno, conocerlos todos te ofrece más recursos para la interpretación, te da más colores para proponer algo más excitante y así puedes interpretar con mayor libertad.

Te recuerdo como protagonista de “Compás”, la coreografía de Jan Linkens. El público te aplaudía. ¿Cómo llegas a este rol?

Jan eligió a cinco bailarines para las improvisaciones. Yo mezclé varios elementos de bailarines africanos que había visto en un evento folclórico en Guanabacoa y traté de hacerlo desde mi estilo, a él le encantó y funcionó muy bien en la escena.

¿Quiénes fueron los maestros que más influenciaron en ti?

No me gusta excluir a ninguno porque creo que todos influyeron de una forma u otra. Hilda nos enseñó los pasos de Graham, luego vino Idania, pero todos nos abrieron un camino, nos enseñaron estilos, nos ofrecieron sus experiencias. Al llegar a la compañía Luis Roblejo fue como un padre para mí y me influyó muchísimo. Isidro Rolando fue mi maestro en el último año de la carrera y nos legó la herencia de su extraordinaria carrera. Miguel Iglesias nos enseñó mucho. Tengo que decir que todos los maestros nos aportaron muchísimo. En una ocasión nos dio clases de ballet Lázaro Carreño y eso fue extraordinario para mi carrera, traté de absorber todo su conocimiento. Y eso lo hago cada vez que encuentro algún maestro que tiene experiencia para brindar, y lo incluyo en mi manera de vivir, en mi forma de interpretar. Estoy muy agradecido de mis maestros por tenerlos en mi vida y por el hecho de que ellos me hayan transmitido sus conocimientos.

Tienes condiciones físicas envidiables, y también se te aplaudió por tus cualidades como intérprete. ¿Cómo trabajaste la interpretación?

Creo que todo viene del amor que le pongas a lo que haces, yo vivo para la danza, yo como danza, yo sueño danza, yo duermo danza. Me encanta el arte, aprecio todas las manifestaciones artísticas. He intentado escuchar a los demás, a los que tienen experiencia y a los que no tienen tanta, he intentado ser abierto y escuchar al público, leo, veo fotos, indago buscando facetas del personaje para construirlo con imágenes. Pongo mucha dedicación en mi trabajo, pero la dedicación no puede ser un esfuerzo, tiene que ser como un divertimento. La danza no es para mi esfuerzo ni sacrificio, es una diversión. El sacrificio llega cuando te obligan, interpretar para mi es como un juego, es como en la actuación, interpretas un personaje y juegas a ser Corleone. Intento pasarla bien pero trato de buscar, de no ser superficial pero sin intelectualizar mucho, porque se trata de un juego donde la pasas bien y haces que el público lo pase bien.

Eres uno de los bailarines que más trabajaba en Danza Contemporánea de Cuba, casi siempre los coreógrafos te elegían. ¿Cuál fue el que más te marcó?

Jan Likens con “Folía” marcó una manera de ver la danza, le dio un color diferente a la danza cubana al mezclar los aires europeos con nuestras raíces. Me encantó trabajar con él, lo escuchaba mucho en las clases y aprendí mucho. Para mi fue muy importante hacer “Compás”, aprendí mucho coreográficamente y gané en calidad de movimiento. Estuve en el proceso de trabajo de Mats Ek, uno de mis ídolos, no lo concluí porque me fui a la Rambler Dance Company, pero en el taller que hizo durante una semana aprendí como si hubiera durado un año. Siempre trato de estar abierto al conocimiento, y trabajar con él fue algo muy especial, que me ha marcado mucho. Hay que nombrar también a Samir Akika, llegó con otra manera de ver la danza, con otra manera de interpretarla, con otra forma de buscar el movimiento tratando de indagar desde adentro y enfrentarse a una coreografía con una actitud diferente. El le dio un cambio a nuestra compañía. Han pasado muchos coreógrafos por la compañía pero debo nombrarlos a ellos porque influyeron en mucho en la compañía y en mí.

El encuentro de Carlos Acosta con Danza Contemporánea de Cuba y, en particular, con Miguel Altunaga fue muy importante. La obra “Tocororo” fue cuestionada en Cuba, pero en la medida en que fue presentándose en otros lugares del mundo ganó en intensidad y en precisión y recibió elogios. Carlos Acosta te menciona en las entrevistas, habla de su admiración por ti y de cómo intenta incluir tus piezas en sus producciones.

Como siempre me gustó el ballet clásico, veía los videos de Carlos y me encantaba su manera de bailar. También me sentía orgulloso de que un cubano fuera uno de los mejores bailarines del mundo. Encontrarme con él fue como un sueño porque lo idolatraba, verlo fue como llegar al cielo. Yo daba la vida por Carlos Acosta en “Tocororo”, si alguien debía tirarse de cabeza yo me tiraba de cabeza. Trataba de hacer lo mejor posible. Había escenas en las que debía ser maltratado verbalmente, yo trataba de desconcentrarlo haciéndole chistes, a veces me llamaba la atención porque no podía contener la risa. Con el tiempo nos convertimos en familia, él fue quien influenció para que yo entrara a la Rambler Dance Company. Al llegar a Londres me ofreció su techo porque no tenía dónde vivir. Trabajar con él, ver cómo ese gran bailarín que es sigue trabajando como si fuera un muchacho de la escuela, con gran disciplina, es un ejemplo. Lo veía sudando en las clases, y mantenía la sonrisa, la humildad, la frescura. Lo tomé como ejemplo para saber que no puede olvidar de dónde uno viene, que hay que querer a todos por igual sin creerse que es estrella. Si me preguntan por él voy a decir que es uno de los mejores seres humanos que me he encontrado. Me dio la oportunidad de trabajar en la producción Carlos Acosta y sus amigos y yo traté de aprovecharla, traté de ser profesional, la crítica habló muy bien de ese solo. El se quedó maravillado con el trabajo y a partir de ahí ha confiado en mi y me ha dicho que no es solo por la amistad sino porque soy un profesional y trabajé bien. Es respeto mutuo, y más que amigos somos como una familia.

 

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Última actualización el Viernes, 03 de Febrero de 2012 22:05
 
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