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Danza Contemporánea de Cuba ha desarrollado una técnica que es única en el mundo PDF Imprimir E-mail

Entrevista a Pedro Ruiz, bailarín y coreógrafo cubano-americano, autor de la obra Horizonte, recientemente estrenada por la Compañía Danza Contemporánea de Cuba.

por Marilyn Garbey  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

-¿Cómo llegas a Danza Contemporánea de Cuba?

Pedro_Ruiz_002Salí de Cuba a fines de los 70, y hacía muchos años que no regresaba. Una amiga mía estuvo aquí, vino a trabajar con Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, conoció a Danza Contemporánea de Cuba y se enamoró de la Compañía. Al volver a Nueva York me dijo: tienes que regresar a Cuba y trabajar con Danza Contemporánea de Cuba, sería perfecto el encuentro entre esos bailarines y tú. Eso fue lo que me trajo a La Habana. Vi una clase de Danza Contemporánea de Cuba. Iba llegando a la sede y sentía el sonido de los tambores, percibía la energía que salía del salón, que era increíble. Esa energía entraba en mi cuerpo. Cuando llegué lo que pasó es muy difícil de explicar. Eran como 50 bailarines, bailaban con gran pasión en aquel salón, la música se interpretaba en vivo con tambores batá y cantaban canciones yoruba. Aquello me emocionó de tal manera que, sin darme cuenta, me puse a llorar. Cuando me presentaron a Miguel Iglesias, el director, le dije: me encantaría hacer algo con ustedes. El me dijo: regresa, da una clase y veremos qué pasa. Le dije: voy a regresar, puedo dar una clase de ballet, pero no será con música clásica, será con los tambores batá, con los músicos tocando percusión afrocubana. Esa fue nuestra primera colaboración, inmediatamente surgió la química entre los bailarines y yo. Al terminar, Miguel me preguntó: ¿Y ahora qué va a pasar? Y valoramos algunas posibilidades de trabajo. Regresé a Nueva York y propuse la idea a algunos amigos, y así surgió el Windows Project, Proyecto Ventana, que abrió ventanas para que pasara el viento, para que pasara la danza, para que pasara la cultura y propiciara el encuentro entre Cuba y Estados Unidos.

-Te propongo hacer un recuento de tu trayectoria creadora

Es difícil hablar de uno mismo. Empecé en el baile desde chiquito, el baile nació conmigo, nadie me lo enseñó. Soy el único bailarín de mi familia, me encantaría que surgieran otros para transmitirles los conocimientos y ayudarlo, porque es una carrera muy difícil, que exige mucho esfuerzo y mucha dedicación. Empecé en Santa Clara, donde nací, estuve muy poco tiempo en La Habana. Luego nos mudamos a Venezuela, donde terminé la escuela y bailé con el Teresa Carreño, el ballet más grande de Venezuela. Después nos mudamos a Nueva York donde, por 21 años, me establecí como primer bailarín, y luego como coreógrafo, del Ballet Hispánico de Nueva York. Trabajando con ellos me otorgaron el Bessie Award, que es el premio más grande que entrega la crítica a un bailarín. Fue el premio a una carrera exitosa durante años, premiaron mi permanencia en el ballet durante años. He tenido la oportunidad de viajar a muchos países, he bailado en la Casa Blanca. Como coreógrafo mi carrera empezó muy bien. Uno de los grandes críticos dijo: ese muchacho promete, y me dio la bendición. Ha sido una carrera muy bonita. En estos momentos no bailo mucho, dedico más tiempo a la coreografía y a la enseñanza, que creo es muy importante, y me gusta pasar mis conocimientos, como coreógrafo y como bailarín, a las nuevas generaciones.

-Se ha insistido en la calidad interpretativa de los bailarines cubanos; sin embargo,  se cuestiona la calidad de las coreografías

Es interesante para mi haber regresado y encontrarme con estos bailarines. Ha sido una lección encontrarme con el conocimiento que tienen de nuestra cultura, ver cómo se afirman en nuestros orígenes, ver la riqueza que tenemos en el baile, en la arquitectura, ver la manera en que camina el cubano, ver al sensualidad de la cubana. Al trabajar con Danza Contemporánea de Cuba me inspiré mucho en la técnica que han desarrollado, una técnica única en el mundo, muy cubana, esa técnica de danza moderna cubana que es algo que deben mantener porque si la pierden se volverían comunes. Creo que será muy importante, cuando la gente vea el trabajo que hemos hecho, que vea que es una Compañía única en el mundo, que no hay otra como esta. Con la técnica que han desarrollado y el  background cultural que han acumulado, de Danza Contemporánea pueden surgir coreógrafos estupendos. De ahí surgió mi inspiración para Horizonte.

-En Horizontes se ha producido un encuentro entre técnicas danzarías diferentes, la técnica clásica y la técnica cubana de danza moderna

Tuve, como bailarín, la posibilidad de trabajar con muchos coreógrafos, de trabajar estilos diferentes, lo cual me enriqueció mucho como bailarín. El bailarín de hoy tiene que estar preparado para bailar no solo un estilo, sino para bailar estilos diversos. Por eso les digo a los bailarines que deben estar con los ojos abiertos y aprendiendo, porque nunca sabes  qué va a pasar en el futuro, hasta que te encuentras a ti mismo. Me gusta la técnica clásica por su línea bonita, por su claridad. Al mismo tiempo me gusta el trabajo con el torso, es increíble como lo hacen los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba. Me gusta que el bailarín se vea como ser humano, que se aprecie su humanidad. Me gusta utilizar la técnica porque el bailarín trabaja mucho y muy duro, durante años, para botar eso a la basura, para ponerme a hacer cosas que puede hacer cualquiera en la calle. Este encuentro es una manera de intercambiar, es una manera de explorar en la técnica,  de buscar nuevas formas, de explorar la pasión, de explorar la coreografía. Mis coreografías son abstractas, pero dentro siempre hay una historia, no es el movimiento por el movimiento, no se trata de corre y tírate al suelo, la cuestión física está bien, pero si solo es físico se vuelve una cosa vacía. Siempre le digo al bailarín: búscate una historia, cuéntame algo, encuentra algo, te daré una imagen, pero quiero que aportes algo. Me gusta la colaboración con el bailarín, y eso ha pasado en Danza Contemporánea de Cuba. El primer día les dije: vamos a empezar una conversación, así desarrollamos el trabajo, y  hemos tenido una linda conversación. Vine con unas ideas que cambiaron muchísimo. Llegué y caminé por la Habana Vieja, y vi la cultura de nuestro país, admiré su arquitectura. Caminé por el malecón y escuché el sonido del mar, vi las olas chocando contra las rocas. Y todo eso me trajo muchas ideas. Me dije: tengo que hacer algo con Yemayá pero de una manera diferente a la habitual, quiero poner en escena la cultura cubana pero con frescura, quiero que la obra tenga la cultura nuestra como telón de fondo.

-Elegiste para el montaje a bailarines y bailarinas, blancos y negros…

Cuando trabajo no miro el color de la piel, miro la calidad del bailarín, es para mí lo importante. Me gusta que el bailarín sea muy musical, que tenga un gran nivel de profesionalismo, que tenga un sentido teatral porque me gusta que sepa cómo se lleva la obra al teatro. Me gusta trabajar con bailarines con sensibilidad, me gusta que el bailarín me inspire, que le proponga un paso y él me proponga otro. Eso me encanta. Le digo: llévate esa idea y trabaja, utiliza el movimiento que te propongo y ponle algo tuyo.

-¿Cómo fue la colaboración con el maestro Eduardo Arrocha, quien es el diseñador emblemático de la danza cubana?

Con Eduardo Arrocha y con todos los que he trabajado en Danza Contemporánea de Cuba, he tenido una relación maravillosa. Con Arrocha fue un trabajo muy lindo, fue muy abierto y me escuchó mucho, tuvimos muchas conversaciones donde le expliqué lo que quería y me propuso sus ideas de colores, de formas. Creo en la colaboración, y nuestra colaboración fue exquisita. Con Miguel Iglesias, director,  y con Fernando Alonso, de las luces, también fue una colaboración exquisita. Con los bailarines fue extraordinario.

-¿Qué emociones experimentaste, en la noche del estreno, cuando terminó la obra y el público se puso de pie para aplaudir?

Es algo muy difícil de expresar con palabras lo que se experimenta cuando, como artista, el público te aplaude, cuando admira tu trabajo. Como bailarín uno trabaja mucho y se abre al público, es como si abrieras el pecho para que te vean por dentro. Como coreógrafo es igual, aunque no estoy físicamente, está mi espíritu bailando con ellos. En este caso era especial, era la primera vez que me presentaba al pueblo cubano. Te lo cuento y me vuelvo a emocionar. La aclamación del público al finalizar la obra, ver la forma en que los bailarines bailaban la obra, ver el cariño con el que me  recibieron, subir al escenario del Teatro Mella, son emociones  que siempre se quedarán conmigo. Estoy muy contento por estar aquí, después de tantos años de ausencia. Estoy muy contento por haber trabajado con Danza Contemporánea de Cuba. Ha sido una experiencia inolvidable.

 

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Última actualización el Viernes, 04 de Febrero de 2011 09:05
 
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